Gentrificación: Entre la identidad, la conservación y el desarrollo económico

Gentrificación: Entre la identidad, la conservación y el desarrollo económico

Exposición

Gentrificación: Entre la identidad, la conservación y el desarrollo económico

La gentrificación es un anglicismo que deriva del término gentry, asociado históricamente a la baja nobleza o a la llamada “gente de bien”. Fue acuñado en la década de 1960 por la socióloga Ruth Glass para describir procesos de aburguesamiento y renovación urbana en barrios tradicionalmente obreros, donde la llegada de nuevos capitales y poblaciones transforma de manera profunda el tejido social y el uso del territorio. Con el tiempo, el concepto se ha expandido y complejizado, desplazándose desde los centros urbanos del norte global hacia contextos diversos del sur global.

En Costa Rica, la gentrificación aparece entrelazada con otros fenómenos como la turistificación, la extranjerización del suelo y el desarrollo inmobiliario, generando transformaciones socioespaciales que atraviesan tanto ciudades como territorios rurales y costeros. Estos procesos activan tensiones sensibles entre identidad nacional, conservación ambiental y crecimiento económico, afectando paisajes, modos de vida y formas de pertenencia. Más que un fenómeno homogéneo, se manifiestan como configuraciones desiguales que reordenan el acceso al territorio y producen nuevas jerarquías espaciales.

El Informe Estado de la Nación 2025 señala que, en los sitios estudiados, no existe evidencia suficiente para afirmar la presencia de un proceso clásico de gentrificación entendido como sustitución directa de población. En su lugar, identifica dinámicas de exclusión social y transformación del territorio, particularmente en zonas poco habitadas, remotas o con baja infraestructura, donde la activación económica y la inversión generan nuevos centros de valor sin un desplazamiento inmediato y visible. Esta distinción nos invita a reflexionar sobre cómo definimos y entendemos estos procesos.

Desde esta fricción conceptual, la exposición propone pensar la gentrificación como una forma activa, en el sentido planteado por Keller Easterling: un conjunto de lógicas, protocolos y operaciones que actúan sobre el territorio de manera gradual, modulando comportamientos, usos del suelo y relaciones sociales, muchas veces sin necesidad de una sustitución explícita de población. Bajo esta lectura, la gentrificación no es un evento aislado, sino una condición que opera incluso cuando su nombre resulta insuficiente o discutible.

En este entramado, el arte ocupa una posición necesariamente ambivalente. Al insertarse en territorios en transformación, puede actuar como testigo, como catalizador o incluso como parte de las dinámicas que contribuyen a la revalorización del espacio. Las obras reunidas no buscan ilustrar un fenómeno, sino activar preguntas, tensiones y lecturas situadas.

Las propuestas seleccionadas, que abarcan pintura, instalación, escultura, performance, fotografía y video, exploran estas problemáticas desde distintos lenguajes y materialidades. Todas han sido realizadas por artistas costarricenses y conforman un entramado que permite aproximarse a las múltiples capas de estos procesos, reconociendo que lo que está en juego no es únicamente el territorio físico, sino las formas en que se habita, se nombra y se disputa.

Jorge Salazar Arroyo
Curador

 

Artistas
Andrés Murillo
Colectivo de Artistas Museo Islita
Forajido
Jose Pablo Ureña
Juan Carlos Ruiz Soto
Kike Molina
MaJo Textil
Mónica y Fabián Rivas Arce
Montemar
Pablo Franceschi
Stephanie Chaves
Valiente Pastel

Performances
Manon Marcel
Yamil de la Paz García

 


OBRAS

 



Andrés Murillo
Apocalipsis guanacasteco
2023
Óleo sobre lona publicitaria
100 × 100 cm

Colección Cazadoras y Recolectores

Apocalipsis guanacasteco formó parte de la Bienal Bidimensional del Museo Municipal de Cartago en 2023. La obra adquirió amplia visibilidad a partir de una discusión pública en redes sociales, en la que participaron artistas, curadores, gestores culturales y público general.

El debate se activó a raíz de un festival cultural realizado en Punta Islita, Guanacaste, y de la circulación de un video dirigido a público extranjero que invitaba a jugar un partido de polo dentro de las actividades del festival. Este episodio detonó una conversación más amplia sobre desarrollo turístico, acceso al territorio y dinámicas del arte vinculadas a procesos de gentrificación en la provincia.

Murillo realiza la obra interviniendo una lona publicitaria. Para efectos museográficos, la pieza fue valorada simbólicamente por el artista en ₡2.000.000 (aprox. 3.750 USD), monto equivalente al precio estimado de un metro cuadrado de terreno en Guanacaste en ese momento. La obra se acompaña de una larga tira de papel, a modo de factura, que documenta la secuencia de comentarios generados en redes sociales, evidenciando las tensiones entre crítica, mercado y territorio.

 

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Colectivo de Artistas Museo Islita, con las artistas participantes Marta Figueroa, Odilí Vásquez, Juana López, Arjery García, Aurora Quirós, Adriana Sánchez, María Sánchez, Teresa Sánchez, Gena Prendas, Carolina Torres, Vanesa Quirós, Higinia Calderón, Marielos Calderón, Salvadora Cruz, Sonia Quirós, Dominga Matarrita, Martha Ramírez, Grettel Fajardo, Patricia Quirós, Llobet Ruiz, Leticia Vásquez y Sandra Molina.
Voces y encuentro

2026
Instalación colaborativa
Dimensiones variables

El Colectivo de Artistas del Museo Islita surge en 2002 en Islita, caserío de Bejuco, cantón de Nandayure, Guanacaste, como un proceso comunitario impulsado por el Hotel Punta Islita y la artista y gestora cultural Loida Pretiz. Su trabajo se desarrolla en paralelo a la creación del Museo de Arte Contemporáneo al Aire Libre de Islita, inaugurado en 2003, desde una visión del arte como herramienta para el desarrollo local, la identidad y el pensamiento creativo.

Voces y encuentro se articula a partir del solar alrededor de la casa, entendido como espacio de subsistencia, memoria y transmisión de saberes. Este territorio doméstico reúne prácticas de siembra, cuidado de animales, uso de plantas medicinales y oficios cotidianos, estableciendo una relación íntima entre cuerpo, tierra y comunidad.

La instalación reúne piezas realizadas con materiales del entorno como hojas de cuadrado, madera, cabuya, semillas y fibras naturales. A través del trabajo colectivo y técnicas artesanales, la obra afirma la persistencia de estos vínculos frente a los procesos de precarización económica y transformación territorial que atraviesan la región.

 

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Juan Carlos Ruiz Soto
La casa del gringo

2024
Acrílico sobre tela
94 x 58 cm

La casa del gringo retrata un paisaje costero aparentemente idílico: playa, vegetación densa y, en lo alto del cerro, una casa de lujo aislada. La escena, pintada plein air a partir de un lugar real en La Cruz, Guanacaste, revela cómo el territorio se ha transformado silenciosamente en las últimas décadas.

Criado en contextos rurales del norte del país, Juan Carlos Ruiz Soto ha sido testigo del impacto acelerado del turismo y la modernidad sobre estos paisajes. El artista reconoce la complejidad del fenómeno —sus beneficios económicos y su papel en la historia migratoria del país—, pero centra su atención en las huellas físicas que deja sobre el territorio.

Las casas en las partes altas, construidas para privilegiar la vista y muchas veces hoy vacías, contrastan con el uso tradicional del suelo y evidencian una división espacial persistente: arriba y abajo, acceso y exclusión. La pintura no denuncia de forma directa, sino que registra un paisaje donde estas tensiones ya forman parte de la cotidianidad.

 

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Kike Molina
Nubes negras sobre playa

2025
Díptico. Acrílico sobre lienzo y soporte de metal.
122 x 122 cm

En Nubes negras sobre playa, parte de la serie Nube Negra, el paisaje funciona como presagio. Las imágenes no remiten a un lugar específico, sino a una construcción simbólica del territorio: un recuerdo proyectado hacia el futuro donde el paisaje tropical, asociado al imaginario de país, aparece atravesado por una atmósfera densa y ambigua que genera inquietud y una extraña calma, señalando un posible punto de inflexión.

El soporte, compuesto por malla ciclón y tubo metálico, remite a dispositivos de delimitación territorial, propiedad privada y segregación del espacio. Sobre esta estructura se superponen escenas de cielo, luz y tormenta, aludiendo a fuerzas naturales que exceden las lógicas humanas de control, planificación y ocupación del territorio.

La obra establece una tensión entre paisaje, frontera y arquitectura implícita, recordando que los procesos naturales anteceden, y sobrevivirán, a cualquier intento de fijar, estandarizar o domesticar el territorio.

 

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Stephanie Chaves 
A 2km del Paraíso

2024
Serie, acrílico sobre tela
80 x 60 cm, 100 x 120cm, 100 x 60 cm

En esta serie pictórica, Stephanie Chaves confronta la idea de Costa Rica como “paraíso” desde una mirada crítica situada en la experiencia cotidiana de quienes quedan fuera de esa promesa. A partir de viajes a zonas turísticas como Jacó y Puerto Viejo, la artista observa la proliferación de rótulos inmobiliarios en inglés, el turismo sexual, el extractivismo cultural y las narrativas que normalizan la compra del territorio como derecho universal del capital extranjero.

Su trabajo no se inscribe en un feminismo general, sino en una crítica directa al feminismo blanco, cisgénero y de clase alta, que históricamente ha excluido a personas racializadas. La atención de Chaves se centra en sujetos de clase trabajadora, mujeres y hombres descendientes de pueblos indígenas, cuyos cuerpos, memorias y formas de habitar han sido desplazados simbólica y materialmente.

Con colores pasteles y gestos aparentemente amables, sus pinturas operan como dispositivos de fricción: desmontan la imagen del edén tropical y exponen las violencias que la sostienen.

 

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Forajido 
Un millón de colores

2024
Acrílico sobre MDF
40 x 90 cm

En Un millón de colores, Forajido realiza una relectura crítica del histórico billete de cinco colones costarricenses de finales del siglo XIX, una imagen idealizada del progreso, el comercio y la identidad nacional. Inspirado en la colección de billetes antiguos de su familia, el artista analiza cómo aquella escena fue concebida por un ilustrador europeo que nunca visitó Costa Rica y construyó su imagen del país a partir de postales y estereotipos.

La obra traslada ese imaginario al presente: contenedores, turismo descontrolado, narcotráfico, feminicidios, arquitectura invasiva y fiestas sin límites conviven en un mismo paisaje costero. La parodia se refuerza con juegos de lenguaje como “Narco Central de Coca Rica” y el reemplazo de “colones” por “colores”, aludiendo tanto a la diversidad cultural como a la normalización del caos.

Más que una denuncia moral, la pintura propone una visibilización cruda: una escena donde la sociedad no solo observa, sino que participa activamente del festín.

 

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Valiente Pastel
Playa privada

2025
Acrílico sobre tela
100 x 75 cm

En Playa privada, Valiente Pastel articula una crítica directa al avance de la gentrificación mediante un lenguaje visual aparentemente lúdico. La obra forma parte de un proceso iniciado hace varios años, donde el artista incorpora referencias al tarot, personajes recurrentes y arquitecturas exageradas para hablar del exceso de construcción y la transformación acelerada del territorio.

Aquí, el paisaje costero aparece intervenido por torres y rótulos que delimitan el acceso y convierten lo común en exclusivo. Los personajes, ingenuos, coloridos, casi festivos, no celebran: protestan, resisten, ocupan el espacio desde una fragilidad activa. El contraste entre la paleta pastel y el conflicto que se representa genera una tensión incómoda, donde la alegría visual no suaviza el problema, sino que lo hace más evidente.

Playa privada expone cómo el paraíso se privatiza, normalizando la exclusión bajo una estética amable y familiar.

 

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Mónica y Fabián Rivas Arce 
Deriva

2025
Videoarte
5’21’’

Deriva es un videoarte construido a partir de la reapropiación de archivos audiovisuales de origen desconocido, grabados en zonas costeras de Guanacaste durante las décadas de 1990 y 2000. Imágenes domésticas de playas, paseos y escenas cotidianas se entrelazan con un texto que evoca nostalgia, pérdida y extrañamiento frente a la transformación acelerada del territorio.

La obra surge de una memoria afectiva compartida, vinculada a la costa y atravesada por la experiencia progresiva de exclusión: lugares antes familiares que hoy resultan simbólica y económicamente ajenos. El texto, desarrollado por Mónica, aborda la gentrificación no solo como un fenómeno urbano, sino como una ruptura emocional y cultural.

La musicalización, realizada por Fabián, trabaja desde la distorsión, la saturación y el uso de objetos cargados de herencia familiar para traducir ese duelo en una experiencia sensorial. Deriva se plantea como una obra colaborativa que no busca explicar ni denunciar, sino sostener una pregunta abierta sobre la memoria, el afecto y la pertenencia territorial.

 

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Pablo Franceschi 
Paradoja en el Paraíso 

2020
Fotografías en blanco y negro
Música por Ethan Sloan 
1’55’’

Paradoja en el Paraíso reúne fotografías en blanco y negro tomadas a lo largo de más de una década en distintos territorios del país atravesados por el turismo. Al suprimir el color —como una negación simbólica del “verde” oficial— las imágenes se yuxtaponen para construir escenas ficticias que tensionan el imaginario idílico con el que Costa Rica se proyecta hacia el exterior.

El trabajo surge de una práctica sostenida de observación y convivencia en zonas costeras, donde Franceschi documenta transformaciones sociales, culturales y territoriales ligadas a modelos de desarrollo extractivo. Más que señalar culpables, la obra cuestiona las narrativas simplificadas del progreso y propone una lectura crítica sobre la relación entre seres humanos, paisajes y las multiespecies.

El formato audiovisual incorpora una capa sonora que introduce memorias históricas y conflictos silenciados, ampliando la lectura de las imágenes. Paradoja en el Paraíso no ofrece respuestas cerradas: abre un espacio incómodo donde conservación, turismo y violencia conviven en una misma escena.

 

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Jose Pablo Ureña
Caminante en bahareque

2024
Acrílico sobre tela
122 x 91 cm

En Caminante en bahareque, José Pablo Ureña se desplaza del registro arquitectónico que ha marcado su trayectoria hacia una ficción crítica: un bestiario urbano contemporáneo nacido de la observación cotidiana de San José. La obra forma parte de una serie de criaturas híbridas construidas a partir de restos de edificaciones, infraestructura en ruina y territorios marginados, especialmente aquellos atravesados por procesos de “renovación” urbana.

Esta figura, compuesta de caña, tierra y memoria, encarna una arquitectura expulsada de su suelo. No camina por voluntad, sino por desplazamiento. Es una casa que se niega a desaparecer y que, al volverse móvil, resiste su reducción a escombro. Su tránsito evoca tanto la diáspora de métodos constructivos ancestrales como el desarraigo de comunidades afectadas por la gentrificación.

Más que una alegoría nostálgica, el Caminante incomoda el paisaje pulcro de la ciudad contemporánea, recordando que bajo el concreto persisten capas de historia, precariedad y vida.

 

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MaJo Textil
Están exprimiendo el mar

2025
Instalación textil
Dimensiones variables

Están exprimiendo el mar surge de una experiencia situada del territorio costero guanacasteco, observado no como paisaje idílico, sino como un cuerpo forzado al límite. En la obra, el tejido se curva, se estira y se torsiona hacia abajo, como si el propio horizonte estuviera siendo drenado.

El tapiz inicial evoca el mar y la línea costera; la urdimbre se expande y luego es envuelta, tensionada y comprimida. La pieza materializa la sensación de extraer hasta el agotamiento: tierras, recursos y vínculos comunitarios transformados en capital para otros. El algodón y la cabuya, fibras asociadas a la historia rural y artesanal, contrastan con el peso frío de las monedas, evidenciando la invasión de una economía ajena sobre un tejido social frágil.

Para la artista, tejer es resistir desde la lentitud. El paisaje no se representa: se exprime, se hiere y se sostiene, hilo por hilo.

 

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Montemar
Si me tengo que ir, quiero llevarme todo lo que soy

2025
Cerámica
32 x 20 x 15 cm

Si me tengo que ir, quiero llevarme todo lo que soy presenta la figura de una mujer mayor que avanza lentamente, cargando sobre su cuerpo una montaña habitada por casas, árboles y memorias. No huye, se desplaza con firmeza, como quien ha sido obligada a dejar su lugar sin renunciar a su identidad. El paisaje no queda atrás; se vuelve carga, extensión del cuerpo, y territorio en movimiento.

Modelada en cerámica con acabados en esmalte y engobe, la pieza dialoga con la materialidad de la tierra y con los ritmos del trabajo rural. Cada gesto queda registrado en el barro, reforzando la relación entre cuerpo, tiempo y memoria. La escultura surge de una observación atenta de los procesos de desplazamiento que afectan comunidades rurales y costeras, especialmente a las personas mayores, para quienes irse no es solo mudarse, sino romper un vínculo profundo con el lugar vivido. 

La obra no denuncia desde la estridencia, sino desde una tristeza contenida. Afirma que, aunque el territorio sea arrebatado, hay memorias que no se pueden desalojar.

 


 

CRÉDITOS

Dirección CCE
Juan Sánchez

Curaduría
Jorge Salazar Arroyo

Gestión y producción
Iris Lam Chen

Diseño
José Alberto Hernández

Montaje
Elliott Morris 

Impresiones
Vector4
GeoCad

 

 

Categoría
Artes Visuales
Exposiciones
Fecha
06 février 2026
Horario

Inauguración: Viernes 6 de febrero 2026, 6:00 pm

Abierta de lunes a domingo de 9:00 am a 9:00 pm

Lugar
Centro Cultural de España
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